El edificio

Este lugar que hoy disfrutamos fue construido para ser sede de la Universidad Pública, ese territorio en peligro de extinción que las administraciones públicas ponen al servicio de los intereses del mercado.

El (pen)último uso público que tuvo fue el de Centro de Madrid Salud de Retiro, hasta que, de forma sobrevenida, Ana Botella llegó a un acuerdo con un arquitecto millonario amigo de Jose María Aznar para que hiciera ahí un museo a su capricho y a su mayor gloria. Esto supuso que el personal sanitario y miles de pacientes pasasen a tener que desplazarse al centro de salud más cercano, a 3,4 km.

Gallardón, Botella, Aguirre, Aznar, Granados, Cifuentes lo tienen claro: el capitalismo de amiguetes les da los recursos para mantener su nivel de impunidad, esteroides a sus campañas electorales y no importa dilapidar la educación, la sanidad, los servicios sociales o la soberanía alimentaria y el medio natural para mantenerlo.

Este proyecto ha sido fuertemente contestado por sectores muy amplios de la sociedad madrileña y en la actualidad cuenta con la oposición frontal de muchas voces de la sociedad civil: desde el Colegio de Arquitectos al Patio Maravillas, pasando por la Academia de Bellas Artes, Ecologistas en Acción o Madrid Ciudadanía y Patrimonio.

A finales de mayo de 2017 el Ayuntamiento de Madrid ha revocado la cesión del edificio.

Basta de reducir Madrid a una marca y ponerla al servicio de los negocios caprichosos de los amigos de los supuestos representantes que nos gobiernan.