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Centro Social de Comunes Urbanos

Imagina No Tener Centros Sociales

La semana pasada, en medio de todo el revuelo causado por la presente crisis sanitaria, recibimos con estupefacción la publicación en el BOE de la reanudación del proceso administrativo para desalojar el nuevo centro social de la calle Alberto Bosch, 4. Pese a que el pasado 14 de marzo, con el Real Decreto del Covid19 todos los procedimientos administrativos, incluyendo el nuestro, quedaban paralizados, el Ministerio de Justicia ha decidido reanudarlo alegando «motivos de salud pública”. Como hemos hecho público, nuestra actividad en el edificio está en pausa desde la declaración del estado de alarma, siguiendo las recomendaciones y restricciones implementadas para frenar la epidemia. Evidentemente, concluimos por ello que las prisas por reanudar el procedimiento de desalojo atienden a una voluntad política. Aprovechando el estado de excepcionalidad que nos impide defendernos, se pretende consumar una nueva agresión a los centros sociales autogestionados y privar a la ciudad de Madrid de un espacio esencial para los movimientos sociales.

Esta situación nos ha hecho hacernos algunas preguntas: ¿qué rol tendremos los centros sociales en la etapa venidera? ¿Es realmente relevante, en medio de esta gigantesca crisis sistémica, que desaparezca un espacio como la nueva sede de la Ingobernable? ¿Nos imaginamos un Madrid sin centros sociales?

Cada vez está más claro que las consecuencias sociales de esta crisis van a ser dramáticas. La ciudadanía ya está pidiendo un Plan de Choque Social, donde el Estado dé una respuesta diferente a la del austericidio de 2008, y asuma su responsabilidad para con el conjunto de la sociedad, especialmente con los colectivos más vulnerables. Sin embargo, para hacer frente a lo que viene, necesitamos ante todo reforzar las relaciones de solidaridad y de colaboración comunitaria. En este sentido, los centros sociales cumplimos y cumpliremos una función vital.

¿Por qué? Porque somos lugares de encuentro, organización y lucha para las vecinas de Madrid. Lugares donde los movimientos sociales pueden trabajar para perseguir mejor sus objetivos de transformación social. Lugares que se alejan conscientemente del ocio mercantilizado y alienante, ofreciendo talleres, charlas y otras actividades gratuitas para disfrutar juntas, independientemente de nuestra condición económica. Lugares donde sentir que, frente a un modelo de ciudad basado en un turismo salvaje y descontrolado, se pueden construir alternativas horizontales, donde el bienestar de las vecinas esté en el centro.

Y es que su modelo de ciudad no solo se ha demostrado injusto, sino sobre todo INVIABLE. En un mundo cada vez más inestable, más expuesto a las fluctuaciones del mercado, a las políticas neoliberales que privatizan servicios públicos esenciales, y a las estrategias predatorias de los fondos buitre, los centros sociales somos un punto de anclaje para la solidaridad, una fuente de convivencia y un lugar de tolerancia y libertad. No es una cuestión de preferencias, sino de necesidad: el capitalismo está en descomposición y de nosotras depende que emerja un modelo más humano, igualitario y sostenible.

Con esta crisis, hemos podido sentir en nuestra propia piel un primer ensayo general de lo que significará el colapso sistémico. El ecologismo lleva décadas alertándonos de que el colapso medioambiental está a la vuelta de la esquina. Para que la respuesta a esta emergencia climática no se base en el ecofascismo y la necropolítica, debemos hacer que florezcan iniciativas en las que aprendamos a vivir mejor juntas, y a vivir mejor con menos: proyectos ecosociales, grupos de consumo, colectivos de debate político, talleres de pensamiento crítico… En definitiva, todas aquellos proyectos necesarios para afrontar la crisis sistémica venidera, que tan a menudo surgen en los lugares que no están sujetos ni a la ley del mercado y el ocio consumista, ni a la regimentación burocrática.

Este periodo está demostrando, una vez más, que somos vulnerables e interdependientes. Que los cuidados son la única forma de sostenernos mutuamente y que no hay nada más indecente que darlos por sentados. El feminismo lleva promoviendo este mensaje mucho tiempo, pero necesita espacios desde los que luchar contra las inercias del sistema patriarcal. Inercias que nos llevan a un falso individualismo, a un injusto reparto de las tareas de sostenimiento de la vida, y a la invisibilización de quienes históricamente han tenido que soportar esta carga. Nunca más una ciudad que no ponga la vida y los cuidados en el centro, y que no permita que proliferen el apoyo mutuo y las redes vecinales espontáneas y autogestionadas. Esas mismas redes que tan claramente hemos necesitado y agradecido durante la cuarentena: dándonos calor durante el encierro, reclamando medidas paliativas, denunciando abusos policiales, y movilizando recursos cuando ha sido necesario.

Por todo ello, somos incapaces de imaginar una ciudad sin centros sociales. Queremos alertar a la ciudadanía de que estamos en peligro, pero también enviar el mensaje de que no nos vamos a conformar. Si su intención es desarticular nuestras redes de apoyo mutuo, nos tendrán enfrente, combativas e insumisas. Hoy, como todos los días, seguimos indesalojables. Somos ingobernables.

PD. Aprovechamos este comunicado para mandar un fuerte abrazo a todas las personas cuya salud o la de sus familiares está en peligro. Esta crisis sanitaria es, una vez más, un problema en el que estamos todas juntas. Queremos expresar nuestro cariño y admiración hacia todas las personas que están haciendo posible afrontar este desafío, desde los servicios públicos sanitarios hasta todas aquellas personas cuya actividad no se detiene durante la cuarentena y siguen yendo a trabajar cada día.