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Centro Social de Comunes Urbanos

Del museo Ambasz a La Ingobernable. ¿Puede un centro social ser una institución cultural?

Mesa redonda con:
Manuel Borja-Villel (historiador y crítico de arte)
Alicia Castillo Mena (Directora del Grupo de Investigación Complutense de Gestión del Patrimonio Cultural)
Santiago Eraso (ex-director de Arteleku y Madrid Destino)
Rogelio López Cuenca (artista e investigador)

Miércoles 3 de julio, 19:30 | Sala 2.10 (2ª planta), Centro Social La Ingobernable

 

Presentación

En la fuerte competencia de las ciudades globales por atraer las inversiones y el turismo, los ámbitos de la cultura, el patrimonio, el urbanismo y la arquitectura aparecen cada vez más desarraigados del territorio de las ciudades. En este contexto, las funciones públicas cada vez sirven menos para satisfacer las necesidades sociales de sus habitantes, y cada vez dedican más esfuerzos a orientar las políticas públicas a esa competencia interurbana global, usando para ello múltiples mecanismos de mercantilización y privatización de los bienes públicos y comunes.

En el caso madrileño, el fallido museo Ambasz representó un caso paradigmático de esta subordinación de las instituciones públicas a intereses oligárquicos: una cesión de un edificio municipal que se realiza por 75 años en el último pleno de la legislatura con múltiples organizaciones en contra; una operación de demolición que requería rebajar el valor patrimonial de un inmueble protegido de 1935; un proyecto de museo que se iba a denominar «de la arquitectura» sin contar siquiera con la opinión favorable del campo de la arquitectura, y que se dirigía a ensalzar la obra de un arquitecto particular con buenas conexiones con la Fundación FAES y el Partido Popular; un inmueble con un largo historial de tejemanejes en los que un centro de salud y una universidad pública eran un mero instrumento de intercambio en una trama de poder político… ¿Y qué habría pasado con este edificio si no hubiese sido recuperado por las miles de personas que denunciamos públicamente el caso y presionamos para revertir aquel indefendible proyecto?

Desde el 6 de mayo de 2017, el edificio de Prado 30 se ha llenado de actividades «culturales», de un tipo de cultura muy distinta a la lógica de arriba a abajo de los rituales oficialistas, las inauguraciones mediáticas y buena parte de las anquilosadas instituciones estatales: una cultura de base, sin presupuesto, pero con miles de personas implicadas en su gestión y desarrollo. Y después de dos años de intensísima actividad, el actual uso del edificio se encuentra en peligro porque el nuevo gobierno municipal amenaza con desalojar por la fuerza, y sin diálogo, un proyecto colectivo que ha albergado unas 3.000 actividades y por el que han pasado más de 100.000 personas, demostrando sobradamente un valor social intangible desde los criterios de mercado. ¿Por qué es necesario defender la Ingobernable en particular, y los espacios autogestionados de nuestra ciudad en general? ¿Cómo los centros sociales afectan positivamente a la función realmente social del patrimonio, la cultura y el urbanismo en Madrid? En resumen, ¿puede un centro social ser una auténtica «institución cultural»?